Manfred Max-Neef (1932) economista y ambientalista chileno, ganador del
Premio Nobel Alternativo de Economía (Right Livelihood Award) y autor de
“Economía Descalza” y “Desarrollo a Escala Humana”, 2 obras
trascendentales a la hora de resumir su pensamiento que sigue claramente
las líneas del Small is Beautiful del economista inglés Schumacher.
Max-Neef fue miembro del Consejo Asesor de los Gobiernos de Canadá y
Suecia para el Desarrollo Sustentable, y candidato independiente a la
Presidencia de la República de Chile en 1993. Entre los años 1994 y 2002
fue rector de la Universidad Austral de Chile. Actualmente es profesor
de Economía Ecológica de la Universidad Austral de Chile. Está
considerado como ‘Uno de los sabios de nuestro tiempo’ y ‘Uno de los 50
líderes mundiales en sostenibilidad’.
Su Hipótesis del Umbral, sostiene que a partir de determinado punto del
desarrollo económico, la calidad de vida comienza a disminuir;
transformando la felicidad relativa de las personas en soledad y
alienación. Es por eso que la búsqueda de Max-Neef son propuestas para
la puesta en práctica de un desarrollo a nuestra escala, de una economía
que roce la tierra, basado en la idea de que “en la naturaleza, todo
sistema vivo crece hasta un cierto punto en el que detiene su
crecimiento, pero no detiene su desarrollo. El desarrollo puede seguir
infinito, pero el crecimiento no”. Max-Neef es un pensador pragmático
que busca con sensatez un desarrollo sostenible, sencillo y palpable,
antes que la especulación desmedida que no reconoce límites en su
ambición.
El video que nos convoca, de su conferencia en la Universidad
Internacional de Andalucía titulada “El mundo en rumbo de colisión”
(bajo la convocatoria Luzes Diálogos en La Rábida), es una clase
magistral de las relaciones entre economía y medio ambiente, plasmada
con la energía de quien ha vivido de manera contundente en consecuencia a
sus credos y no solo existido entre automóviles, periódicos,
frigoríficos y aspiradoras, como dice Thoreau. Deliciosas son sus
palabras finales (que transcribo) a partir del minuto 52′, en donde se
refiere a los típicos, cariñosos y dañinos consejos paternales acerca
del encaramiento de la vida:
Mi conclusión a estas alturas, de 77 años de acumulada juventud, es que
(…) si viven toda la vida haciendo lo que les conviene, es una vida
bastante miserable. Ustedes no tienen que hacer lo que les conviene,
ustedes tienen que hacer lo que tienen que hacer. Eso es lo único que
les dará la satisfacción cuando lleguen a viejos… haber sido
consecuentes consigo mismos. (…) La gente que sabe exactamente para
dónde va, es la que nunca descubre nada, porque se da lo que llamo la
obsesión del punto fijo: estoy aquí y tengo que llegar allá, y en
consecuencia, todo lo que hay entremedio se percibe como obstáculos que
deben ser superados (…) Y es en esos presuntos obstáculos que está toda
la aventura de la vida. Entonces me la paso con anteojeras en una vida
pobre. El consejo es derivar en estado de alerta, y derivar no es
dejarse llevar por la corriente.